28 febrero 2010

Empanada.... de gato




Ayer, despues de la cena familiar de sábado con mis hijos, en medio de la tareas de dejar la cocina en orden para el desayuno, y siendo las tantas de la madrugada, mi cabeza se fue por otros lares a remontar otros tiempos.
Recordaba las comidas familiares de domingo en casa de mi abuela, y los problemas que suscitaban algunos platos.
La mujer, con sus años a cuestas, se encerraba en la cocina desde muy temprano por la mañana para amasar y preparar los rellenos de las empanadas para el mediodía.
Podían ser de “sardinas de lata”, de pollo, carne, merluza.. o conejo.
La polémica comenzaba con la empanada de pollo y continuaba con las demás. ¡ Eran empanadas para cuchillo y tenedor!

Para comerla, se abrían las tapas, luego se comía el relleno y la masa. Dicha empanada traía los trozos de pollo con sus huesos. Ella defendía que “no era igual” si deshuesaba el pollo. Igual que la empanada de merluza venía con los toros dentro, al completo, sin desespinar.

Teniéndo como herencia de mi abuela, el amor por la cocina, confirmo que es verdad que no saben igual, que los huesos o las espinas, resaltan el gusto de todo el relleno Os imaginais un churrasco a la parrilla "sin el hueso" ???

Es como si fueran dos platos diferentes, la empanada para comer con la mano, y la que se come a golpe de cuchillo y tenedor.

De esa época, tambien recuerdo sus comentarios sobre la empanada de lirón, ya que en la post guerra, en Galicia, no siempre tenía a su alcance la posibilidad de cocinar un pollo o conejo , pero sí había gatos…
y opinaba que era muy parecido al conejo pero que mucho más sabroso por que tenía más grasa. No me importaría realmente probar una empanada de lirón.

Y ahora, por aquello de acompañar este post con algo más que letras, os dejo un apunte importante sobre los rellenos:

1-Antes que nada, poner al fuego directo unos pimientos, e ir dándoles la vuelta para quemar toda la piel (yo sigo y seguiré cocinando con fuego…. Nada de vitros)

2-Una vez bien quemada, sacar los pimientos y envolverlos en papel de aluminio para que suden.

3-Pelarlos aún en caliente, y picarlos finos.

4-Luego hacer el relleno como de costumbre, pochando con aceite de oliva, cebollas, ajos, añadiéndole el pimiento,sal y azafrán disuelto en un poco de agua (también puede ser pimentón).

5-Disponer sobre una placa de masa el relleno, y luego sobre este, los trozos de “pollo cortado pequeño con hueso” y en crudo, ya que se cocinará con la empanada.

6-El líquído que sobra del pochado del relleno, se guarda y se le añadirá a la empanada a media cocción, pintando con él la masa por encima.

Y como colofón final, decir que el pimiento hecho de este modo y el pollo en crudo con sus huesos, hacen de este plato un "caprice des dieux".

BUEN PROVECHO.

23 febrero 2010

Al calor de la lareira


En un pasado cercano, en esta Galicia que habito, el día se comenzaba y se remataba en la lareira, el eje sobre el que giraba la vida. Lareira viene de Lar (hogar), el lugar sobre el que se hace la lumbre, y en donde se teje el día a día familiar.
Una piedra sobre la que se hacía fuego, y alrededor había escaños (bancos con respaldo y con una tabla que se bajaba, al estilo de las tronas de para niños) y que acogían a todos los habitantes de la casa.
A su vera, se cambiaban opiniones, por las noches se contaban chistes y cuentos de fantasmas para pasar el rato, se cocinaban los alimentos y se mantenían calientes, con lo que costaba hacer el fuego, éste no solía dejarse apagar y el pote con el caldo siempre estaba caliente.
Se “ahumaban” los chorizos para conservarlos, se calentaba el vino con el fin de que aguantase "vivo" más tiempo (un especie de pasteurización , tal vez?), se cuajaba la leche para los quesos, se “mazaba o leite” para hacer mantequilla, y las mujeres de la casa cosían y bordaban al calor del fuego. No se desperdiciaba ni siquiera la ceniza, que era utilizada para abonar el campo, y hasta para limpiarse los dientes y los objetos de metal que hubiera en la casa.
Tambien la muerte tenía cabida en la lareira. Cuando alguien de la familia fallecía, era velado en la casa toda la noche, en en otra habitación al fresco, mientras que vecinos y familiares acompañaban al muerto desde el calor de la lareira, bebiendo y comiendo alimentos pagados con el dinero del finado, como un último homenaje en su viaje al más allá.
¿ Cuantos amores y desencuentros se fraguarían con su calor?
Era un elemento de producción, de disfrute, y de consumo. Toda la escencia de una familia se reflejaba en ella.

Una vez más, el fuego como brillante protagonista catalizador de tareas, y sentimientos.
Este espacio que hoy pongo a andar , pretende ser una “lareira virtual”, donde a partir de una opinión, una poesía o una receta culinaria, nos enriquezcamos y nos hagamos mútua compañía los habitantes de esta casa, aportando cada uno sus vivencias.
A falta de fuego, toca mantener la brasa de la amistad encendida.

Os abrazo, sed bienvenidos

Luisa