05 junio 2012

Jude, el Oscuro (1º parte)







Un amigo de intrigante personalidad, ha puesto en mis manos un libro de Thomas Hardy, “Jude, el oscuro”. Lo mío no es precisamente la lectura de novelas pero algo especial me está ocurriendo con este libro escrito en 1895.

No me distrae, me hace pensar y analizar las situaciones del protagonista. Y cuando vuelvo de mi abstracción y me doy cuenta que está escrito para la sociedad de fin del siglo XIX, me cuesta hacerme a la idea de que alguien pudiera pensar así por esos tiempos.


Hay un párrafo en la página setenta que dice textualmente:
“era preferible amar a una mujer que graduarse o hacerse sacerdote”
Fue leerlo, y cerré el libro, comenzando a realizar anotaciones en mis papelotes sueltos que siempre se hacen hueco en mi bolso y en mis bolsillos.


Reflexionando sobre la frase, llegué a la conclusión que obviamente, “un hombre, primero es hombre... y luego hijo, esposo, sacerdote.... etc”. De la misma forma que una mujer es primero una mujer y luego “madre, hija, esposa....”, tal vez no en ese orden, pero lo que si está claro es que primero es mujer. Y si me pongo a hilar fino.. muy fino.. sobre temas que nada me gustan, me animo a decir.. “que un hombre es.. primero animal.. instinto.. “ y que luego, en el momento de ver jugar a una niña de 10 años en el parque y mirarle las piernitas.. si su cabeza está bien amueblada, si está mentalmente bien aleccionado, SALTAN las alarmas cerebrales que provocan la censura ante pensamientos lascivos. Pero.. si la cabeza no está bien amueblada, aflora el hombre y su instinto. Aún hoy, en otras culturas, sigue siendo el padre el que inicia a la hija en el tema sexual haciendo incluso una fiesta de ello. Algo que para mi cultura es intolerable, y ¡duramente penable! pero ..¿ y si hubiera nacido en alguna de esas sociedades?, ¿Que pensaría de ello?.

Casos de mujeres que por amor se van de casa, dejando a sus hijos al cuidado del padre o de abuelos , ocurren a diario. Por lo mismo que anteriormente comentaba, “primero se es mujer.... luego el resto”. Y cuando surge el estímulo, aflora el instinto luchando contra nuestra educación, nuestra censura. Como el que se enamora de la cuñada, o del padre del compañerito del colegio del niño, o de ese novio “tan mayor” que se ha echado la hija. En esos momentos imploramos por que la censura juegue su papel, pero a veces.... (sobre todo en estos últimos casos), si no funciona es por que no deseamos que funcione. Y ahí es donde viene Jude a mi pensamiento ....

Sentirte en ebullición, con ojos que miran la lluvia con alegría, hundiendo los zapatos en los charcos sin darte cuenta que se mojan los piés, la mirada centelleante como si llevaras la cruz del sur guiando tu camino, libélulas... aletear de libélulas desde la cabeza hacia el vientre.

 
¡Dificil tarea la de resistirse a sentirse vivo!


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